Duele el viento sur
que enfría las flores
y las arrastra deshechas por el campo.
el sol, la vía láctea,
los árboles que resisten heroicos
los arrebatos del aire.
Duele este día sin rumbo,
este tiempo entristecido,
sin lugar,
donde poner los pasos.
Duele el viento sur
que enfría las flores
y las arrastra deshechas por el campo.
el sol, la vía láctea,
los árboles que resisten heroicos
los arrebatos del aire.
Duele este día sin rumbo,
este tiempo entristecido,
sin lugar,
donde poner los pasos.
cuando la tarde cierra sus ojos.
Ahora
cuando la oscuridad
invade desde todas partes.
Ahora
cuando la luna llena
trepa el algarrobo nocturno,
como detrás de un fantasma.
Ahora,
en este instante,
el universo renace,
y sostengo estas estrellas
contra mi pecho
para atrapar el tiempo.
El sur trajo la lluvia
cuando la tarde comenzaba
a humedecer los almendros.
Palabras como gotas,
reposaron entonces
en los labios,
y mojadas todavía
nacieron en las manos,
frágiles
como pájaros de papel.
Porque ahora todo llueve
y se mojan los cerros.
y el monte parece despertar en verde claro,
pregunto al viento por qué
en estos días,
tus ojos se nublan
Tus manos
dibujan lirios amarillos
en mi cuerpo.
Y cuando
los zorzales
regresan
desde el horizonte,
tu boca,
desenredándose
de mi boca,
vuelve más violeta
la tarde.
de miel y de pájaros.
Para tus brazos
hondos, como mares.
Para tu piel de río
y tus ojos de hierba
y a veces,
de tormenta.
Para tus manos buenas
como panes,
mi corazón mineral
descubre su brillo
en tu torrente.
Me he sentado como todos los días,
o casi todos
en una oficina sin ventanas;
me siento y casi no estoy.
Tal vez, digo, mejor hubiera sido no venir.
He perdido la alegría en un pasillo,
tengo el amor amontonado y húmedo
como un trapo, aquí
donde se generan los latidos sin aliento,
y parece que todo fuera nada.
Leo los diarios,
escarbo los mundos circundantes,
y entonces, cuando estoy distraída,
alguien llega
y me devuelve la alegría,
a mí,
que todavía no sé quién soy.En la plaza,
el calor abraza las ramas de los naranjos.
En un banco,
un hombre mira sus manos
y se pierde en un mapa de líneas
que no puede descifrar.
Tal vez
el secreto se esconde
en el perfume de los azahares.


Las naranjas giran
desparraman
su color
sobre la mesa,
su frescura
entre las manos.
Giran,
dan vueltas porque sí
como el retorno circular del viento
Gabriela Bayarri